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Traducciones

Las siguientes son traducciones realizadas por nuestro amigo Enrique Muñiz , de la Asociación Kobukan Dojo , a quien agradecemos su colaboración.

 ¿Las artes marciales en decadencia?. Por Stanley Pranin.

 El otro día visité una gran librería en Las Vegas. Tenía un tiempo libre mientras esperaba que mi hijo terminara su lección de música. Cuando examiné los estantes, decidí comprobar las ofertas de libros y revistas de artes marciales, sobre todo de Aikidô. !Nunca pensé lo que me iba a encontrar!

 Permítame retrotraerme un poco. Recuerdo hace aproximadamente diez años, mientras todavía publicábamos la versión impresa de Aikido Journal, realizábamos visitas a librerías de California Del sur para supervisar el manejo y abastecimiento de la revista y para comprobar que es lo que ocurría en el mundo de las publicaciones de artes marciales. En ese momento, había una actividad considerable en el campo: podía encontrarse varias revistas de artes marciales en los estantes; casi un estante entero para libros consagrados a los títulos de artes marciales y había más libros fascinantes de Aikidô que de cualquier otro arte marcial.

 Sin embargo, para mi sorpresa hoy, solo existe la revista black belt y ninguna otra revista de artes marciales. La situación de los libros de artes marciales es la misma. Ellos ocupan sólo un estante y, de la delgada selección de ésta, cinco o seis títulos tratan del Aikidô. Si la falta de disponibilidad de publicaciones de artes marciales en esta librería, es representativa de las circunstancias actuales en el mundo de la publicación, parecería que Aikidô y las artes marciales en general está perdiendo la batalla por capturar la atención de un público que está, literalmente, agobiado con miles de opciones de actividades de pasatiempo.

Esta experiencia en la librería me hizo pensar en las conversaciones que he tenido durante los últimos años con las asociaciones de Aikidô. He oído muchas historias que apoyan la creencia que las artes marciales están en declive. Maestros han hablado de la caída en el ingreso de estudiantes, alquileres perdidos, cierres de dôjô y la dificultad en encontrar una salida. En varios casos, los Sensei con los que he hablado operaban grandes escuelas y que han experimentado el éxito en el pasado, hoy se encuentran desesperados. Si estas impresiones son indicativas de la realidad, me pregunto que es lo que ha pasado en este campo en la última década.

Las Artes marciales: perdidas en un mar de opciones

Cuando aludí anteriormente a que las personas enfrentadas con el tiempo libre buscan una fórmula de ejercicio en un gran abanico de opciones. Hay quienes desistieron de los deportes occidentales tradicionales y eligieron alguna forma de ejercicio que forma parte de las actividades recreativas recientemente desarrolladas que no existían hace 20 años. También están aquéllos que no desean emprender una actividad física y prefieren un estilo de vida más sedentario como mirar TV por horas con una tarifa de televisión por cable o satelital. Claro, ellos también pueden leer un libro, pero es lo menos que hacen. Aunque hay que decir que lo que realmente ha cambiado el paisaje del pasatiempo en los últimos años, fue el advenimiento del Internet.

Nunca antes ha habido tal explosión de nuevas tecnologías que traen la información prácticamente al instante de cada tema concebible a las yemas de los dedos de alguien cómodamente ubicado. Hoy, la habilidad de una persona de entretenerse con una pregunta en su mente, se resuelve en un tiempo muy corto. Se accede a una tecnología que no está reservada al rico o una élite social. Está disponible para todas las personas de todos los estratos sociales.

En esta gran serie de opciones uno debe destacarse de alguna forma para atraer la atención de modo de volverse una opción viable. Pienso que es esto lo que está faltando en las artes marciales en general y, en especial, en Aikidô. La novedad y la imagen exótica de las artes marciales en occidente se ha ido desgastando desde el conocimiento público de ellas, que empezó hace más de 40 años. Desde los años sesenta cuando Kurosawa dirigió películas de samurai con un Toshiro Mifune como símbolo de ellas. Los 70′ con Bruce Lee que capturó la imaginación del público. El último grito puede haber sido las películas de Steven Seagal que presentaban una imagen distorsionada del Aikidô, sin embargo fue, por lo menos, un fuerte gancho atención durante un tiempo. Hoy el público prefiere la comedia y las habilidades marciales de Jackie Chan y las actuaciones marciales imaginarias de estrellas ahora como Jet Li.

Debe tenerse presente que, hoy, estamos tratando con una generación de personas que tienen tiempo de atención muy corto, debido, sin ninguna duda, a una dieta firme de anuncios del TV, películas de acción, videojuegos, que se presentan como una llamarada de miles de imágenes en pantalla en una sucesión rápida. Si por algún pequeño milagro, una persona se mete en una escuela de artes marciales, las desigualdades juegan contra el dôjô.

El fracaso por preservar vivas las raíces y los principios centrales de las artes.

Aunque creo que esto también se aplica a todas las artes marciales, sin embargo, el Aikido parece haber perdido su fundamento en los últimos años, debido a su fracaso en la articulación clara de los principios subyacentes del arte. Los Instructores pueden dar hablar de las ideas de O Sensei, pero a los maestros experimentados les falta una comprensión del fondo cultural e histórico del arte y son ignorantes del proceso arduo que llevó a su fundación.

Del mismo modo, puede verse el esfuerzo por hacer accesibles las creencias Shintô de Ueshiba a un público masivo. Vemos que la mayoría del idioma religioso e imaginería que caracterizaron su discurso y se ha perdido. Los restos son una forma simplificada de expresión que, aunque bastante espiritual, ha perdido su contexto cultural japonés único.

Hay subsecuentemente una tenue apreciación de las raíces del arte en la comunidad. Sin embargo, el Aikidô tiene muy poco de diferente para los ojos del neófito de las formas de jujutsu que sobreviven y que han sido propagados en occidente.

Pienso que es muy frecuente en la mayoría de las artes marciales. Es común para ellos distanciarse, con el correr del tiempo, de las técnicas y principios centrales del arte. Obviamente, si este proceso continúa por mucho tiempo, el arte se vuelve una gimnasia estiramiento para llamarla de algún modo.

 Aikido y las artes marciales: la espada de doble filo de los deportes competitivos.

Otro punto importante a entender acerca del fracaso del público para entender los principios básicos del Aikidô el hecho es que el arte es no-competitivo. En la mente de muchas personas, las artes marciales artes son meramente una clase de deportes. La persona media no puede discernir las diferencias entre las disciplinas marciales tradicionales que evolucionaron para la autodefensa y desarrollo personal y los deportes modernos.

Como ejemplo, tome el caso de Judô. Jigoro Kano (1860-1938) tuvo éxito sintetizando elementos de dos sistemas de jujutsu que sobrevivieron en Japón al final del siglo XIX. Él inventó un sistema que, habiendo logrado una cierta popularidad, se adoptó en el sistema educativo de Japón. La conversión del jujutsu en un deporte y su aceptación por los establecimientos educativos aseguró la diseminación del Judô a lo largo del Japón y por el mundo. Kano también abrazó el ideal de los Juegos olímpicos del francés Pierre Coubertin y trabajó para poder conseguir que el Judô fuera aceptado en los Juegos olímpicos. Tristemente, el fundador del Judô no vivió para ver su sueño cumplido, cuando el Judô debutó como deporte olímpico en Tokyô en 1964.

Algo que Kano no imaginó fue el efecto negativo que la competición traería al Judô. Los competidores empezaron adoptando estrategias extrañas para lograr la victoria

El propio Kano se puso crítico del judo competitivo en sus últimos años y sintió que algunas de sus tempranas decisiones habían afectado adversamente su arte. Aunque el judo ha continuado siendo practicado ampliamente gracias a su institucionalización en Japón, alguno lo consideran como un sistema de autodefensa por el que personas más Fuertes pueden ser derrotadas por personas más pequeñas.

Los varios estilos del aikido han experimentado con formas de competición con un éxito dudoso. El ejemplo más prominente es el Tomiki Aikidô, creado por Kenji Tomiki (1900-1979) quién se vio muy influenciado por Jigoro Kano y Morihei Ueshiba. Este sistema empezó a fines de los años 50′ en la Universidad de Waseda en Tokio, Tomiki desarrolló su forma de competición basado en el modelo del judo de Kano. Recibió la desaprobación de la mayoría de los maestros y escuelas de Aikidô por haber introducido la noción de competición en el Aikidô, en clara oposición a los principios originales de Ueshiba. Los sucesores de Tomiki continúan experimentando con sus teorías modificando las reglas del Aikidô deportivo en un esfuerzo por comprender el ideal de Tomiki.

Irónicamente, Yoshikan Aikidô y Shinshin Toitsu Aikidô, fundado respectivamente por Gozo Shioda y Koichi Tohei, introdujeron un aspecto deportivo, aunque menor, en sus estilos en los años noventa. Los estudiantes compiten entre si basados en un sistema del punto.

Incluso el Aikikai Honbu dôjô, aunque mantiene un Aikidô firmemente como un arte marcial no-competitivo, hace algunos años se unió a la Asociación Internacional de los Juegos olímpicos para ganar el reconocimiento mundial del Aikidô. Aikido se designó como “deporte de demostración” dentro del contexto de esta organización pero, por falta de un componente competitivo, no se lo reconoce como un miembro. Recientemente, dicha asociación ha presionado al Aikikai para desarrollar una forma de competición si desea permanecer en la organización. El Aikikai ha respondido negativamente y su participación futura en el IWGA permanece en duda.

Así, la conversión de las artes marciales en los deportes es un arma de doble filo: puede ser un medio para lograr la divulgación y supervivencia de un arte; sin embargo, también conlleva el riesgo de transformar la disciplina en algo que corre contrariamente a los principios centrales del arte, como Judô y Kendô que son buenos ejemplos. Las artes marciales mixtas para eventos como el UFC, K1, Vale Tudo, etc. estos son ejemplos de cómo pueden amalgamarse elementos de varias artes marciales tradicionales y convertirse en deportes y ser prácticamente irreconocibles las formas marciales originales.

Falta de perspicacia comercial.

Otro indicador para explicar porqué parece que las artes marciales están en un período de declive tiene que ver con las habilidades comerciales. Las habilidades técnicas y pedagógicas no son suficientes para asegurar el éxito de abrir y sostener un Dôjô. Una comprensión de dirección administrativa y contable, habilidades de comunicación, conocimiento de las leyes locales, oportunidades de servicio a la comunidad, y muchas otras áreas son necesarias para que funcione cualquier actividad, incluso un Dôjô.

Un factor, que es una señal de nuestros tiempos, es que la mayoría empieza con una base financiera débil y optan por sacar préstamos para financiar sus Dôjô. Algunos abandonan ante la primera señal fracaso financiero. Otros duran durante algún tiempo, pero no parecen conseguir salir adelante y abandonan.

Hasta aquí he intentado tocar meramente algunos de los problemas que veo afligiendo a las artes marciales en el mundo competitivo y rencoroso de hoy.

Creo que haríamos bien como entusiastas del Aikidô en continuar comprometiéndonos con el arte y ofrecernos mutuamente consejo y estímulo. Ciertamente, esta misma Internet todavía está “en pañales” y pese a eso ofrece abundante información y que hoy también puede usarse como una herramienta para el rejuvenecimiento del Aikidô y de las otras artes marciales.

 Stanley Pranin
30/11/06, Las Vegas, Nevada

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Abuso por parte de algunos Maestros de artes marciales.

Por Aiki Journal.

Las artes marciales, particularmente, al apoyarse en una tradición tienen una jerarquía rígida, hay a menudo una tendencia a formar una relación enferma con el maestro. Esta relación enferma se desarrolla cuando el maestro establece una relación con el estudiante de carácter paternalista omnipotente, en el sentido de una autoridad que es percibida como infalible. Si el estudiante tiene un excesivo respeto por la autoridad, él es más vulnerable.

La atadura emocional entre el maestro y estudiante, en estos casos, se desarrolla a través del abuso alterno - sea él físico o verbal - con alabanza o premio. Uno puede ver la misma situación en el ejército con el sargento chillón que prueba al recluta con el abuso verbal incesante y luego “los gradúa”, o con una persona que se casa con un alcohólico. La fórmula aquí es el abuso, el premio (o disculpa) y luego la reafirmación de la atadura a través de la alabanza, reconocimiento o alguna otra clase de “premio”. Esto no es el objetivo de ninguna disciplina que busque enseñar una habilidad o conocimiento, sino más bien una disciplina falsa que se oculta tras el abuso, con el fin de dominar al estudiante.

He visto maestros de Tai Chi engañar a sus estudiantes, durante años, enseñándoles una forma sin ninguna aplicación táctica y sin ningún entrenamiento esotérico sistemático genuino. Estos estudiantes han invertido años de mucho esfuerzo y dinero de sus bolsillos. Es muy difícil salir de este grado de dependencia y reconocer el daño sufrido por años. Y Tai Chi no es el único arte que hace esto. Puede ocurrir en cualquier arte.

Todas las artes marciales, cuando son pobremente enseñadas, es fácil que se configure este modelo de vinculación abusiva unido a una burocracia feudal. El énfasis en controlar a los estudiantes - manteniendo una jerarquía y parcelando la información. Esto no hace más que retardar el desarrollo del estudiante y aumentar su frustración

¿Así que cuál es la respuesta a esta clase de conducta?. Debe enseñarse con una dificultad creciente progresando hacia técnicas más complejas. Ellos normalmente no enseñan así. Así que no culpo al arte sino al modo que éste es impartido. Uno debe tener claro sobre lo que es el abuso. En una clase se está expuesto a infortunios como esguinces, choques y moretones. De eso no es de lo que estoy hablando. Aquí diría que los huesos rotos y el daño físico permanente son abusivos e innecesarios.

Un maestro que tiene que herir a un estudiante para enseñar es sospechoso. Por otro lado, hay algunos estudiantes que no dudarán en “lesionar” al maestro. Hay algunos niños que han matado a sus padres. Nosotros debemos tener claro esto como maestros o instructores. NOSOTROS NO SABEMOS QUIÉN ES QUIÉN. Los estudiantes y los padres necesitan comprender esto. Algunos estudiantes herirán al maestro si él no los hiere, especialmente al principio para querer “probarlo”.” Si un estudiante se ha criado con este criterio lo verá como algo natural. ¿Cómo podemos enseñar correctamente sin herir u ofender a alguien? ¿Cómo podemos protegernos, proteger nuestro arte y, además, mantener la autoridad y convencer a nuestros estudiantes de nuestra capacidad sin la intimidación física? Y a estas alturas la competencia del maestro se impone como punto clave.

 

Las formas que algunos maestros utilizan es la de crearse un “aura de superioridad” (”mi ki es más fuerte que suyo“). Un maestro que no pueda reconocer esto en su actitud, posiblemente mantenga a los estudiantes en la oscuridad, en la frustración y confusión. Un maestro tiene el poder para limitar el número, tipos de símbolos e ideas que un estudiante pueda trabajar. Así el verdadero maestro, debe constantemente estar empujando a los estudiantes a crecer fuera de sus propios preconceptos y permitir que progresen siguiendo sus propios pasos. ¡Este es un desafío real!. Es decir, que ellos no se vean condicionados para sólo pensar dentro de un rango restringido de símbolos o ideas.